Perdone que le interrumpa

Poco antes de entrevistar al Dalai Lama, mi colega del Toronto Star Martin Regg me advirtió que el líder tibetano hablaba por los codos y que debía interrumpirle si quería sacar algo de provecho. “Hombre”, pensé. “Es el Dalai Lama”. Cuando sus respuestas parecían eternizarse, derivando en discursos ya conocidos, recordé el consejo y empecé a interrumpir con un “perdone, su Santidad…” que a mí me sonaba cercano a la blasfemia y en realidad no era más que una regla básica del periodismo. Empeñarse en que el entrevistado responda a lo que se le pregunta y no lo que le venga en gana. Sigue leyendo

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Nuestros hijos de puta

España produce “canallas, delincuentes, demagogos y cobardes en relación desproporcionada a su población”, que diría el difunto Reinaldo Arenas. Pero como los científicos no han encontrado aún un gen español que determine nuestra propensión al engaño, habrá que concluir que la putrefacción nacional tiene otras causas. Culturales. Políticas. Educativas… El resultado es un país tan podrido moralmente que una parte de su clase política no tiene inconveniente en saquearlo mientras miles de familias son embargadas, toda una generación de jóvenes es condenada a la precariedad o el exilio y nuestra infancia se sitúa en niveles de pobreza de naciones que llamamos subdesarrolladas. Y, claro, dan ganas de decir que son unos grandes hijos de puta.  Sigue leyendo

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De cómo la prensa creyó que la Tierra era cuadrada

Cuentan que en la redacción de uno de los principales medios de España, un redactor jefe agobiado por el cierre dijo: “Que ganas tengo de que pase la moda esta de internet”. No hablo de hace 10 años. Hará tres o cuatro. La cita resume bien por qué los periódicos están donde están, más allá de crisis económicas y cambios de modelo. No supimos ver lo que la red supondría para nuestro oficio. Llegamos tarde a cada nueva etapa, más concentrados en preservar el pasado que en afrontar el futuro. Tan acostumbrados estábamos a decirle a los demás cómo debían hacer las cosas, fueran políticos, deportistas o actrices, que perdimos la capacidad de mirar mucho más cerca. A nuestro producto. A nuestras redacciones. A nuestras debilidades. Nos decían que la Tierra era redonda y durante demasiado tiempo nos empeñamos en que era cuadrada.  Sigue leyendo

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Gilipolleces

Mi vuelo con destino a Chicago llevaba un retraso de seis horas y una vez en mi asiento la azafata anunció una hora adicional de espera. Me dio tiempo a leerme la revista de la línea aérea, el folleto de seguridad del aparato, un formulario con una oferta de una tarjeta de crédito -¿quién no necesita endeudarse un poco más?- y hasta el catálogo de productos duty-free, con su fascinante colección de naderías. Al llegar a la sección de relojes, uno me llamó la atención: “El Reloj de la Felicidad”, se anunciaba. Utilizando estadísticas y algoritmos varios, cruzando los datos con mi historial médico, prometía calcular cuántos años, meses, días, horas e incluso segundos me quedaban de vida, iniciando la cuenta atrás.

Tic-toc, tic-toc, tic-toc…

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El secreto de Pablo Iglesias

No es la melena. Tampoco Podemos, el pegadizo nombre de su partido. Ni siquiera su capacidad de oratoria o su carisma, aunque Pablo Iglesias es infinitamente mejor comunicador que cualquiera de sus rivales. Los tertulianos de la derecha son arrojados al plató como si fuera el foso de los leones y él los devora sin despeinarse, incluso cuando le abandona la razón o tropieza en la contradicción. Pero tampoco es la debilidad de los oponentes su gran secreto. El verdadero secreto de Pablo Iglesias es haber entendido que en un país cada vez más inculto y superficial, donde toda una generación ha sido educada en la telebasura y el griterío, el héroe moderno nace en horario de máxima audiencia. Era cuestión de tiempo que España produjera una versión masculina, culta y política de Belén Esteban.  Sigue leyendo

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Si no le importa, me devuelve mi televisión

Me gustaría saber qué les hace pensar que una televisión pagada por todos les pertenece solo a ellos. Por qué creen que pueden convertirla en el gabinete de prensa de su partido. Sus estudios en el salón de su casa. Sus profesionales en altavoces de sus políticas. De las muchas estafas que vive España, quizá ninguna pasa más desapercibida, a pesar de que tiene lugar delante de nuestras narices, desde hace décadas: el secuestro robo usurpación de RTVE y las televisiones autonómicas por parte de una clase política incapaz de entender la más básica diferencia entre lo público y lo privado. Sigue leyendo

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Cinco pistas de que tu medio de comunicación te considera idiota

Su director se declara virgen

Conocerán el curioso caso del director de periódico que grita en las tertulias lo independiente que es su medio, sin que le sorprenda que todo lo que publica coincida con la opinión de un mismo partido político. Siempre. Sobre cualquier cosa. Ya escribimos en este blog que la independencia, en periodismo, tiene al menos una cosa en común con la virginidad: una vez perdida, no hay manera de recuperarla. Pero los hay que tras una carrera llena de promiscuidad y affaires, prostituidos todos sus principios periodísticos y recogidas las debidas prebendas, siguen presentándose como los más castos. Sin duda, creen que sus lectores son idiotas.

Se presenta como el cuarto poder

¿Cuántos periódicos, telediarios o radios dieron prioridad a la información de que la familia Botín tenía 2.000 millones de euros en Suiza y recibió trato de favor para regularizar su situación? Sí, hablamos del mismo fisco que a usted le exprime como un noruego a cambio de darle servicios griegos. La noticia fue debidamente arrinconada, a pesar de ser protagonizada por el primer banquero del país. Si no les gusta el ejemplo, tengo otros, que diría Groucho Marx. El verdadero cuarto poder, cuando no el primero, es una oligarquía económica que hace y deshace a su antojo, protegida por unos políticos que esperan formar parte de ella cuando abandonan sus cargos y una prensa que, salvando excepciones puntuales, carece de la tradición democrática o el coraje para denunciar sus desmanes.

Copia a la competencia

Solía ocurrir que el periódico no desvelaba su contenido hasta que llegaba a los quioscos por la mañana, lo que hacía difícil que la competencia pudiera piratear su contenido. Los tiempos han cambiado y con Internet los medios tienen al alcance la posibilidad de saber lo que hace el otro al instante, ventaja que la mayoría aprovechan para copiarse. El resultado es más información que nunca, menos original. Tanto plagio informativo funciona estupendamente, hasta que la noticia reproducida resulta ser falsa y, ¡ups!, se desvela que la fuente fue un clic de ordenador. Especial mención merecen algunos diarios digitales que llevan años sin publicar una información propia y se presentan como el nuevo periodismo. La mala noticia es que quizá lo sean.

Ofrece periodismo de bajo coste y dice que es caviar informativo

Llama la atención la cantidad de medios que, al ver que el periodismo entraba en crisis, decidieran recortar… en periodismo. Es como si al herido que llega al hospital, en lugar de hacerle una transfusión, se le extraen las últimas gotas de sangre. Con un descenso brutal de circulación y publicidad, algunos ajustes eran inevitables en la prensa tradicional. Pero la mayoría fueron más lejos: despidieron a grandes profesionales porque “salían caros”, ahuyentaron a los mejores freelance con pagos humillantes, crearon fábricas de periodismo de todo a cien, empezaron a contar lo de Ucrania desde Toledo y lo de Toledo desde la redacción. Y le dijeron al lector, oyente o espectador que el producto que ofrecían no solo tenía la misma calidad, sino más. Que textos con erratas, a veces ininteligibles, huérfanos de los datos más elementales y carentes de la más mínima calidad narrativa, que el cotilleo de peluquería y el sexyperiodismo fácil, es caviar informativo. Ay, si el lector fuera lo suficientemente idiota para no darse cuenta.

Mastica las noticias por usted

No importa que sea sobre actores peor vestidos o la guerra en Siria, cada vez es más difícil encontrar artículos que no estén troceados, resumidos, simplificados y divididos en algún tipo de lista. Los 33 alimentos más sanos, los 10 trucos para hacer a tu pareja feliz en la cama o las cinco cosas que las personas exitosas deben hacer antes de las 8 AM (esta última información me contrarió, porque uno creía que el éxito consistía en no tener que madrugar). Cada vez son más los que creen a sus lectores incapaces de leer un texto de más de 600 palabras sin rebajarlo al nivel de comprensión de un escolar de primaria. Todo lo ofrecen masticado y liviano, sin demasiada información, no vaya a atragantársele a alguien. Es como si alguien que quisiera escribir sobre el mejorable estado del periodismo se limitara a dividir su artículo en las cinco pistas que demuestran que los medios creen que su público es idiota. Para no volver a leer a su autor, vamos.

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