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Perdone que le interrumpa

Poco antes de entrevistar al Dalai Lama, mi colega del Toronto Star Martin Regg me advirtió que el líder tibetano hablaba por los codos y que debía interrumpirle si quería sacar algo de provecho. “Hombre”, pensé. “Es el Dalai Lama”. Cuando sus respuestas parecían eternizarse, derivando en discursos ya conocidos, recordé el consejo y empecé a interrumpir con un “perdone, su Santidad…” que a mí me sonaba cercano a la blasfemia y en realidad no era más que una regla básica del periodismo. Empeñarse en que el entrevistado responda a lo que se le pregunta y no lo que le venga en gana. Sigue leyendo

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Cinco pistas de que tu medio de comunicación te considera idiota

Su director se declara virgen

Conocerán el curioso caso del director de periódico que grita en las tertulias lo independiente que es su medio, sin que le sorprenda que todo lo que publica coincida con la opinión de un mismo partido político. Siempre. Sobre cualquier cosa. Ya escribimos en este blog que la independencia, en periodismo, tiene al menos una cosa en común con la virginidad: una vez perdida, no hay manera de recuperarla. Pero los hay que tras una carrera llena de promiscuidad y affaires, prostituidos todos sus principios periodísticos y recogidas las debidas prebendas, siguen presentándose como los más castos. Sin duda, creen que sus lectores son idiotas.

Se presenta como el cuarto poder

¿Cuántos periódicos, telediarios o radios dieron prioridad a la información de que la familia Botín tenía 2.000 millones de euros en Suiza y recibió trato de favor para regularizar su situación? Sí, hablamos del mismo fisco que a usted le exprime como un noruego a cambio de darle servicios griegos. La noticia fue debidamente arrinconada, a pesar de ser protagonizada por el primer banquero del país. Si no les gusta el ejemplo, tengo otros, que diría Groucho Marx. El verdadero cuarto poder, cuando no el primero, es una oligarquía económica que hace y deshace a su antojo, protegida por unos políticos que esperan formar parte de ella cuando abandonan sus cargos y una prensa que, salvando excepciones puntuales, carece de la tradición democrática o el coraje para denunciar sus desmanes.

Copia a la competencia

Solía ocurrir que el periódico no desvelaba su contenido hasta que llegaba a los quioscos por la mañana, lo que hacía difícil que la competencia pudiera piratear su contenido. Los tiempos han cambiado y con Internet los medios tienen al alcance la posibilidad de saber lo que hace el otro al instante, ventaja que la mayoría aprovechan para copiarse. El resultado es más información que nunca, menos original. Tanto plagio informativo funciona estupendamente, hasta que la noticia reproducida resulta ser falsa y, ¡ups!, se desvela que la fuente fue un clic de ordenador. Especial mención merecen algunos diarios digitales que llevan años sin publicar una información propia y se presentan como el nuevo periodismo. La mala noticia es que quizá lo sean.

Ofrece periodismo de bajo coste y dice que es caviar informativo

Llama la atención la cantidad de medios que, al ver que el periodismo entraba en crisis, decidieran recortar… en periodismo. Es como si al herido que llega al hospital, en lugar de hacerle una transfusión, se le extraen las últimas gotas de sangre. Con un descenso brutal de circulación y publicidad, algunos ajustes eran inevitables en la prensa tradicional. Pero la mayoría fueron más lejos: despidieron a grandes profesionales porque “salían caros”, ahuyentaron a los mejores freelance con pagos humillantes, crearon fábricas de periodismo de todo a cien, empezaron a contar lo de Ucrania desde Toledo y lo de Toledo desde la redacción. Y le dijeron al lector, oyente o espectador que el producto que ofrecían no solo tenía la misma calidad, sino más. Que textos con erratas, a veces ininteligibles, huérfanos de los datos más elementales y carentes de la más mínima calidad narrativa, que el cotilleo de peluquería y el sexyperiodismo fácil, es caviar informativo. Ay, si el lector fuera lo suficientemente idiota para no darse cuenta.

Mastica las noticias por usted

No importa que sea sobre actores peor vestidos o la guerra en Siria, cada vez es más difícil encontrar artículos que no estén troceados, resumidos, simplificados y divididos en algún tipo de lista. Los 33 alimentos más sanos, los 10 trucos para hacer a tu pareja feliz en la cama o las cinco cosas que las personas exitosas deben hacer antes de las 8 AM (esta última información me contrarió, porque uno creía que el éxito consistía en no tener que madrugar). Cada vez son más los que creen a sus lectores incapaces de leer un texto de más de 600 palabras sin rebajarlo al nivel de comprensión de un escolar de primaria. Todo lo ofrecen masticado y liviano, sin demasiada información, no vaya a atragantársele a alguien. Es como si alguien que quisiera escribir sobre el mejorable estado del periodismo se limitara a dividir su artículo en las cinco pistas que demuestran que los medios creen que su público es idiota. Para no volver a leer a su autor, vamos.

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Dejar que la realidad te estropee una buena historia

A nadie pareció importarle cuando semanas atrás todos los periódicos nacionales publicaron en sus webs -en algunos casos también en las ediciones impresas- dos noticias de dudosa procedencia y signos de ser manifiestamente falsas. Una decía que el dictador norcoreano Kim Jong-un había ejecutado a una ex novia por participar en un vídeo porno. La otra relataba el caso de una niña yemení de ocho años que habría muerto en su noche de bodas tras ser violada por su marido, 32 años mayor. Cuando comenté el segundo bulo en Twitter, un lector me respondió con una pregunta que debería preocupar especialmente a los periódicos tradicionalmente considerados serios: “Y ahora, ¿a quién creemos?”. Sigue leyendo

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Los desahuciados del periodismo

El periodismo se parece cada vez más al borracho de la barra del bar, añorando un pasado que no volverá y pidiendo una ronda más para olvidar su presente. Las reuniones con los colegas se han convertido en funerales donde se homenajea a los últimos caídos en las redacciones -10.000 en los últimos cuatro años- y se recuerdan con nostalgia tiempos mejores. Tampoco ayuda la sensación de que, al igual que ha ocurrido con la banca o la casta política, muchos de los que agravaron la crisis de sus empresas siguen en sus puestos, mientras firman los despidos de quienes se limitaron a aplicar su falta de visión. Sigue leyendo

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El cementerio de periódicos

Me escriben compañeros sorprendidos de que haya defendido a la competencia después de su metedura de pata al publicar una foto falsa de Hugo Chávez. No creo haber hecho tanto, pero es cierto que no me he sumado a quienes, en algunos casos con escasa legitimidad para dar lecciones de periodismo, han aprovechado para ajustar cuentas y poner en duda la profesionalidad de los colegas de El País. Sigue leyendo

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El genocidio que olvidé contarles

Con más medios de comunicación que nunca, y todo el poder de divulgación de Internet, el lector, oyente o espectador podría pensar que los periodistas les hemos contado lo más importante del año que termina. Pero más cantidad no significa más variedad o mejor criterio. La falta de recursos para viajar en tiempos de crisis, el seguidismo que hace que unos pocos medios marquen la actualidad -especialmente en la información internacional-, legítimas distracciones en un mundo con mucho que contar o el imparable avance de un periodismo ligero y de bajo coste han contribuido a dejar en el olvido historias que merecieron más espacio en 2012. Un genocidio, una guerra y la revuelta de un pueblo oprimido se encuentran entre ellas.    Sigue leyendo

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El último corresponsal

Es difícil saber cuántos reportajes me quedan por escribir. Los corresponsales, dicen, somos una especie en vías de extinción. Dinosaurios del periodismo. Parte de una élite privilegiada que debe dejar paso a los nuevos tiempos. Caros de mantener. Lentos en producir información. Tercos en su resistencia a adaptarse al nuevo periodismo de bajo coste, donde mandan la rapidez y la cantidad. Sigue leyendo

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