Archivo de la categoría: España

El secreto de Pablo Iglesias

No es la melena. Tampoco Podemos, el pegadizo nombre de su partido. Ni siquiera su capacidad de oratoria o su carisma, aunque Pablo Iglesias es infinitamente mejor comunicador que cualquiera de sus rivales. Los tertulianos de la derecha son arrojados al plató como si fuera el foso de los leones y él los devora sin despeinarse, incluso cuando le abandona la razón o tropieza en la contradicción. Pero tampoco es la debilidad de los oponentes su gran secreto. El verdadero secreto de Pablo Iglesias es haber entendido que en un país cada vez más inculto y superficial, donde toda una generación ha sido educada en la telebasura y el griterío, el héroe moderno nace en horario de máxima audiencia. Era cuestión de tiempo que España produjera una versión masculina, culta y política de Belén Esteban.  Sigue leyendo

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Si no le importa, me devuelve mi televisión

Me gustaría saber qué les hace pensar que una televisión pagada por todos les pertenece solo a ellos. Por qué creen que pueden convertirla en el gabinete de prensa de su partido. Sus estudios en el salón de su casa. Sus profesionales en altavoces de sus políticas. De las muchas estafas que vive España, quizá ninguna pasa más desapercibida, a pesar de que tiene lugar delante de nuestras narices, desde hace décadas: el secuestro robo usurpación de RTVE y las televisiones autonómicas por parte de una clase política incapaz de entender la más básica diferencia entre lo público y lo privado. Sigue leyendo

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Cinco pistas de que tu medio de comunicación te considera idiota

Su director se declara virgen

Conocerán el curioso caso del director de periódico que grita en las tertulias lo independiente que es su medio, sin que le sorprenda que todo lo que publica coincida con la opinión de un mismo partido político. Siempre. Sobre cualquier cosa. Ya escribimos en este blog que la independencia, en periodismo, tiene al menos una cosa en común con la virginidad: una vez perdida, no hay manera de recuperarla. Pero los hay que tras una carrera llena de promiscuidad y affaires, prostituidos todos sus principios periodísticos y recogidas las debidas prebendas, siguen presentándose como los más castos. Sin duda, creen que sus lectores son idiotas.

Se presenta como el cuarto poder

¿Cuántos periódicos, telediarios o radios dieron prioridad a la información de que la familia Botín tenía 2.000 millones de euros en Suiza y recibió trato de favor para regularizar su situación? Sí, hablamos del mismo fisco que a usted le exprime como un noruego a cambio de darle servicios griegos. La noticia fue debidamente arrinconada, a pesar de ser protagonizada por el primer banquero del país. Si no les gusta el ejemplo, tengo otros, que diría Groucho Marx. El verdadero cuarto poder, cuando no el primero, es una oligarquía económica que hace y deshace a su antojo, protegida por unos políticos que esperan formar parte de ella cuando abandonan sus cargos y una prensa que, salvando excepciones puntuales, carece de la tradición democrática o el coraje para denunciar sus desmanes.

Copia a la competencia

Solía ocurrir que el periódico no desvelaba su contenido hasta que llegaba a los quioscos por la mañana, lo que hacía difícil que la competencia pudiera piratear su contenido. Los tiempos han cambiado y con Internet los medios tienen al alcance la posibilidad de saber lo que hace el otro al instante, ventaja que la mayoría aprovechan para copiarse. El resultado es más información que nunca, menos original. Tanto plagio informativo funciona estupendamente, hasta que la noticia reproducida resulta ser falsa y, ¡ups!, se desvela que la fuente fue un clic de ordenador. Especial mención merecen algunos diarios digitales que llevan años sin publicar una información propia y se presentan como el nuevo periodismo. La mala noticia es que quizá lo sean.

Ofrece periodismo de bajo coste y dice que es caviar informativo

Llama la atención la cantidad de medios que, al ver que el periodismo entraba en crisis, decidieran recortar… en periodismo. Es como si al herido que llega al hospital, en lugar de hacerle una transfusión, se le extraen las últimas gotas de sangre. Con un descenso brutal de circulación y publicidad, algunos ajustes eran inevitables en la prensa tradicional. Pero la mayoría fueron más lejos: despidieron a grandes profesionales porque “salían caros”, ahuyentaron a los mejores freelance con pagos humillantes, crearon fábricas de periodismo de todo a cien, empezaron a contar lo de Ucrania desde Toledo y lo de Toledo desde la redacción. Y le dijeron al lector, oyente o espectador que el producto que ofrecían no solo tenía la misma calidad, sino más. Que textos con erratas, a veces ininteligibles, huérfanos de los datos más elementales y carentes de la más mínima calidad narrativa, que el cotilleo de peluquería y el sexyperiodismo fácil, es caviar informativo. Ay, si el lector fuera lo suficientemente idiota para no darse cuenta.

Mastica las noticias por usted

No importa que sea sobre actores peor vestidos o la guerra en Siria, cada vez es más difícil encontrar artículos que no estén troceados, resumidos, simplificados y divididos en algún tipo de lista. Los 33 alimentos más sanos, los 10 trucos para hacer a tu pareja feliz en la cama o las cinco cosas que las personas exitosas deben hacer antes de las 8 AM (esta última información me contrarió, porque uno creía que el éxito consistía en no tener que madrugar). Cada vez son más los que creen a sus lectores incapaces de leer un texto de más de 600 palabras sin rebajarlo al nivel de comprensión de un escolar de primaria. Todo lo ofrecen masticado y liviano, sin demasiada información, no vaya a atragantársele a alguien. Es como si alguien que quisiera escribir sobre el mejorable estado del periodismo se limitara a dividir su artículo en las cinco pistas que demuestran que los medios creen que su público es idiota. Para no volver a leer a su autor, vamos.

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Curro Jiménez y los bandoleros de la casta

Me tumbé en una hamaca de una playa de Formentera y el encargado me pidió 20 euros. Me pareció un precio justo, si hubiera incluido champán y abanicado cada cinco minutos. Fui a jugar al tenis a una pista municipal en Madrid: 6,5 euros más el parquímetro. Pensé de dónde sacarían el dinero los chavales del barrio. En un bar de Chueca me preguntaron si quería mi bebida de importación, sin saber que el camarero tendría que ir a buscar el vodca a Moscú. Eran 15 euros. Sigue leyendo

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La soportable soledad de la derrota

Love. Rotura. Ventaja. Muerte súbita. “No puede ser casualidad que el tenis utilice el lenguaje de la vida”, dice Andre Agassi en su autobiografía, Open, una de las mejores que haya escrito un atleta. Él lo sabe bien porque, a pesar de ganar 60 títulos y llegar a ser el mejor en su deporte, su historia se lee como un serial de derrotas. Tantas que, cuando la actriz Brook Shields le pide el divorcio, el tenista estadounidense trata de salvar su matrimonio con la desesperación de una bola de partido. No porque crea que merezcan la pena, su relación o su mujer, sino para evitar “una nueva derrota”. Sigue leyendo

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Demagogo

Demagogo si te preguntas por qué un gobierno que entrega 100.000 millones de euros a la banca no encuentra dinero para ayudar a miles de dependientes. Demagogo si ves contradictorio que un país que vuelve a emigrar en busca de trabajo reciba a balazos (de goma) a quienes nadan hacia su costa buscando las mismas oportunidades. Demagogo si te ofende ver a decenas de reporteros cubriendo las vacaciones de la familia real y a tan pocos entrevistando a los perdedores de la crisis. Demagogo si te sorprende la capacidad de tantos para movilizarse cuando creen que el árbitro les robó un partido de fútbol, pero ninguna cuando sus gobernantes saquean el dinero de sus impuestos o recortan sus pensiones. Sigue leyendo

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Los payasos de la tele

Los españoles ven una media de cuatro horas de televisión al día. Uno de cada tres nunca lee libros. Venía pensándolo al escuchar a nuestros políticos lamentar la muerte de Gabriel García Márquez, a pesar de que forman parte del segundo grupo. Nadie duda ya de que estamos gobernados por iletrados, aupados a sus puestos gracias a conspiraciones de partido, prebendas y amiguismos. Con esa particularidad tan española: lejos de disimular su ignorancia, los nuestros la exhiben con orgulloso desparpajo. Sigue leyendo

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